El Dragón de la Fiebre 1

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la-fiebrepor Verónica García

VERSIÓN NIÑOS Y NIÑAS

I. PARA LOS PADRES Y MADRES

Esta es la historia de una visualización sanadora. Y pensé que en forma de relato podría ayudar a los niños a entender la fiebre, y a los padres, tanto a superar sus propios procesos como a acompañar a sus hijos en los cuadros febriles.

Soy médico, y también pensaba antes que la fiebre era algo temible que había que bajar lo antes posible, pautando medicamentos para no dejar que la fiebre subiera ni unas décimas, con la actitud tan de moda ahora de ir alternando antitérmicos sin tregua. Muchos piensan que eliminar la fiebre es curar la enfermedad. O que la fiebre en sí es la enfermedad.

Hasta que tuve una grave infección que me hizo enfrentarme cara a cara con la muerte y pasearme de la mano con la fiebre. Esa experiencia me ayudó a entender su verdadera naturaleza, función y sobre todo su poder. Durante aquellos primeros días en el hospital cada vez que me subía la temperatura el miedo me congelaba el corazón… asociaba la subida de la fiebre con la idea de gravedad y pensaba que me alejaba más de la curación.

Sin embargo , es todo lo contrario, nuestro cuerpo sabiamente sube la temperatura cuando algún germen invasor entra, y así trata de eliminarlo. Durante la lucha entre los microorganismos infecciosos y nuestras células defensivas se liberan sustancias que también aumentan la temperatura corporal. Responder ante la infección con fiebre es buena señal: ¡nuestro sistema inmune funciona!

Las personas que tuve a mi lado confiaban más en mí y en la capacidad de autosanación de mi cuerpo que yo misma, y me ayudaron a no oponer resistencia a la fiebre, a permitirla, aceptarla e incluso aprovecharla. Cuando por fin cambié mi actitud, entonces y sólo entonces, empecé a VER.

Tuve una visualización, supongo que ocasionada en parte por la fiebre alta y en parte por mis fuertes deseos de curarme. El caso es que visionarla una y otra vez me ayudó no sólo a sentirme mejor, sino que estoy plenamente convencida de que fue primordial en mi recuperación.
Por eso lo comparto, confiando en que pueda ayudar tanto a niños como a adultos que se encuentren en una situación parecida a la mía. O diferente, pero que les pueda servir.

Y esto fue lo que vi postrada en mi cama de hospital:
Apenas me sorprendí cuando apareció por primera vez… una enorme serpiente con cabeza de dragón que me miraba fijamente permaneciendo erguida imponente ante mí. Desde aquella primera vez, sólo podía verla cuando me subía la fiebre. En esos momentos sentía su aliento de fuego en mi rostro, me ardía la cara, señal de que ya estaba aquí.

Y entonces con elegancia afilaba su cabeza y entraba por mi boca. Atravesaba mi tubo digestivo sin brusquedades, suavemente, exhalando llamaradas que impiaban toda la infección de mi abdomen y ayudaban a cicatrizar mis tejidos.

En un interminable círculo de curación entraba y salía por mi cuerpo con el propósito de ayudarme a sanar. Esa era la fiebre que yo sentía, el calor de su poderoso fuego que mataba la infección tan incrustada entre mís órganos.
El dragón con su extraño baile guiaba mi cuerpo por el camino de la autocuración.
Cuando se iba, me dejaba exhausta pero tranquila. De alguna manera me hacía sentir que ese agotador proceso era necesario para sanar.

Empecé a no temer a la fiebre, casi a esperarla, pues era la señal de que mi cuerpo no se había rendido ante la infección y estaba dispuesto a luchar, convirtiéndose esos escalofríos que recorrían mi columna vertebral en síntomas de mi propia fuerza.

Con los días dejó de aparecer mi dragón porque ya no era necesario: me estaba curando.
Ahora entiendo que a pesar de todos los medicamentos que me administraban para bajarme la fiebre, mi cuerpo luchó tenazmente por mantener una temperatura alta necesaria para matar los gérmenes que mantenían la infección. Y por eso le estoy agradecida.

Aprendí a aceptar y a permitir la fiebre y a la vez a canalizar toda mi energía para ayudar a mi cuerpo en su proceso de sanación. El miedo y la resistencia de los primeros días sólo enlentecieron ese camino. Y el abuso de antitérmicos también.

Tras esta experiencia escribo un relato corto para niños de padres o educadores con sentido común que sepan entender y transmitir a los niños esa confianza en nuestra propia naturaleza y en nuestra capacidad para sanar, sin por ello rechazar tratamientos que tantas veces son necesarios.

Evitar medicamentos innecesarios, transformar el miedo en fuerza sanadora y aprender a trabajar con nuestro cuerpo en la misma dirección para vencer la enfermedad son objetivos que podemos transmitir a nuestros hijos desde muy pequeños. Sobre todo, si nosotros somos capaces de interiorizarlo y llevarlo a cabo.

II. PARA LOS NIÑOS Y NIÑAS

Casi nadie lo conoce, los adultos no suelen verlo y a los niños no les hacen caso cuando dicen que lo han visto… pero existe. Es el dragón de la fiebre.

Es fuerte, sabio y valiente. Aunque su cabeza es la de un dragón, tiene cuerpo de serpiente y una larguísima cola, esa con la que te golpea suavemente la espalda cuando te empieza a subir la fiebre para avisarte de que ya viene.

Pero lo más impresionante es su enorme boca de afilados dientes por la que salen llamaradas. Daría mucho miedo si no supiéramos que en realidad es muy bueno.
Cuando estás malo y tienes fiebre se pone delante de ti, sonriendo, y sale humillo por los grandes agujeros de su nariz. El fuego que sale de su boca es el calorcito que notas en la cara.

Ahí es cuando es más fácil que puedas verlo. El dragón va porque sabe que estás malo, que hay una infección en alguna parte de tu cuerpo (en tu garganta, tus oídos, tu pecho, tu tripita…) y acude en tu ayuda.

Muchos niños no llegan a verlo porque toman muchas medicinas para que les baje pronto la fiebre… entonces el dragón lo que hace es quedarse cerquita por si puede ayudarles pero no lo suficiente para que puedan verlo.
Dragón lo que quiere con el fuego y el calor es achicharrar al bichito que te está haciendo que estés malito. Así que, si dejas que la fiebre te suba un poco, a lo mejor podrás verlo y aunque no te encuentres bien, sabes que sólo quiere ayudarte a curarte antes.

A veces cuando te duele mucho la garganta él mismo hace que su cabeza se vuelva muy fina y entra por tu boca para respirar fuego dentro de tu garganta… ¡por eso se nota fuego al tragar!

Otras veces va a tu pecho, o incluso se mete dentro de tus oídos. Y, ¿no lo has notado nunca moviéndose entre tus tripas? Se mete cuando tiene que limpiar alguna infección.
Piensa en él, sonríele, llámalo si quieres, pregúntale lo que quieras, juega con él… pero sobre todo, no le tengas miedo.

Y… ¿sabes qué? Que si esto se lo explicas a tus papás o a tus abuelitos cuando te cuiden, quizás ellos le pierdan el miedo y a lo mejor hasta lo ven algún día… yo creo que los adultos también lo ven, pero les da vergüenza reconocerlo. Da igual, el caso es que… ¡aprovecha si puedes verlo! Porque eso quiere decir que tu cuerpo es fuerte y está luchando muy bien, y ya estás más cerca de curarte.


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Un comentario en “El Dragón de la Fiebre

  • Aida

    Maravilloso relato, gracias Vero por compartirlo. Ni la fiebre, ni los mocos, ni la tos, son enemigos. Hay que contar con el propio cuerpo para curarnos. Gracias.