Iker tenía prisa por nacer 1

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ikerDespués de un agosto familiar y playero, disfrutando del tiempo libre con nuestras pequeñas y pequeños, MAMASYOGA vuelve al cole y se pone en marcha de nuevo, deseamos tener un curso repleto de actividades y vivencias compartidas. Nuestro querido blog se pone a funcionar con el relato del nacimiento de Iker, un pequeño grande que tenía prisa por nacer…Nuestro gran día, el 19 de Junio de 2010, comenzó unos días antes, el miércoles 16, esa mañana, mamá llamó a papá al trabajo.
-He manchado, creo que es sangre, he llamado a T, la matrona de Rincón de la Victoria, y me ha dicho que no me asuste, que me quede tranquila y que esta tarde vayamos a verla.
-Vale, cuando llegue, me ducho y vamos a ver a T.
El día transcurrió sin sobresaltos, hasta el momento en que T explora a mamá y dice -estás de 2cm de dilatación. Mamá se puso muy nerviosa pues todavía faltaba un mes de gestación. Papá puso una cara entre la congoja y la ilusión –pero si falta más de un mes…
Así que con toda la calma posible, nos fuimos –los tres- al Hospital de la Axarquía, donde tras una exploración y un diagnóstico a medias de preeclampsia, los médicos decidieron que nos quedáramos ingresados, ya que mamá tenía la tensión disparada y era importante retrasar el parto. Esta situación hizo que mamá se preocupara aún mas pues no se esperaba dar a luz antes de tiempo.
El viernes 18, a eso de las 10 de las noche, por fin llegó el gran acontecimiento, rompimos aguas, avisamos al personal del hospital y nos llevaron a monitores, y un par de horas después, estábamos en una salita, donde de vez en cuando venía J, nuestra matrona, a ver qué tal íbamos. Cuando la dilatación llegó a 4cm, llamaron al anestesista para que le pusieran la epidural que mamá había solicitado. La anestesia no hizo desaparecer todos los dolores ya que sólo se durmió una parte de su cuerpo.
Todo iba bien, la dilatación fue rapidísima, a eso de las 4 de la mañana, ésta había finalizado, todo estaba listo, bueno, todo no, yo me había colocado al revés, es decir, mi cara estaba mirando hacia arriba, y esta postura me impedía pasar el último tramo del canal de parto.
Mis papis comenzaron a preocuparse mucho, todo había ido bien hasta este momento, pero ahora la cara de J no era tan relajada como antes, otra matrona le acompañaba en sus visitas, cada vez más frecuentes, y tras una hora y media de expulsivo, sin éxito, se decidieron por llevarnos a quirófano.
En este momento, empezamos a pensar lo peor, que tal vez habría que realizar una cesárea o a saber que otra maniobra, para que por fin, yo llegara a este mundo donde me esperaban mamá y papá. Papá ya podía ver mi cabecita, y mamá pudo tocarla, pero era imposible, yo no podía salir. Así que, en ese momento de tanta angustia, el ginecólogo que había venido a asistir el parto, le dijo a mamá que íbamos a hacer la maniobra de kristeller, y mamá, cansada y desesperada, aceptó. T nos había hablado de ésta maniobra y de los peligros que conllevaba, pero el cansancio, la desesperación y el miedo a que sufriera les hizo aceptar la “ayuda” del ginecólogo y confiar en que yo saldría pronto. Cada minuto que el nacimiento se alargaba sufrían pensando que yo lo estaría pasando mal. También hicieron una episiotomía a mamá para facilitarme la llegada a este mundo pues el monitor indicaba que mis pulsaciones estaban bajando.
Por fin, a las 6 de la mañana del sábado 19, vi la luz, y mi madre me pudo abrazar, dice que nunca olvidará la suavidad de mi pelo y lo chiquitito que era (2.730 gramos). Ese momento tan mágico duró muy poco, pues en seguida me llevaron a una salita contigua donde un pediatra me examinó pues necesité oxígeno y tenía un pitido en el pecho. El test de Apgar dio como resultado 3-3-8, lo que indica que no lo pasé muy bien al nacer y que mis padres pasaron un buen susto. Papá se acercó a ver cómo me exploraban pues estaba deseando verme bien y tenerme en sus brazos.
Después el pediatra dijo que me llevaran junto a mamá, que era el mejor sitio donde podía estar. El pitido desapareció en sólo unos minutos junto a mamá.
Nos llevaron a los tres a una salita donde relajarnos durante un par de horas, papá salió e hizo entrar a mis abuelos y mis tíos, que habían pasado la noche en vela junto a nosotros, separados sólo por una puerta. Yo en seguida comencé a mamar con ganas y al cabo de un rato, nos llevaron a la habitación, donde comenzaron a llegar visitas.
Unas horas después, cuando nos habían dejado solos para descansar, mamá comenzó a tener unos fuertes dolores, papá le pedía calma, pero los dolores eran cada vez más intensos. Mamá intuía que era un dolor poco natural, mucho mayor que el dolor del parto y que había un problema. Vinieron a explorarla enseguida y descubrieron que tenía una hemorragia, rápidamente se pusieron en marcha y se llevaron a mamá otra vez al quirófano, dejándonos solos a papá y a mí, en una habitación que parecía enorme, vacía y fría sin la presencia de mamá. Mamá se fue preocupada y dolida por dejarme en la habitación y no poder estar conmigo durante esas horas, en las que se preguntaba cómo iba a darme el pecho y si este hecho arruinaría la lactancia. A papá, amablemente, le dieron un biberón por si quería darme de comer, en ese momento, el miedo y el cansancio pudieron más que todo lo que había leído y hablado sobre la lactancia. Cuando mamá volvió a la habitación, se sintió muy mal al enterarse de que había tomado un biberón, aunque aquel biberón no representó ningún problema para que yo me agarrara al pecho como un campeón.
El ginecólogo que operó a mamá, hizo muy buen trabajo cortando la hemorragia. Mamá pasó unos días muy duros, con gran dolor y una ristra de puntos por dentro. Fueron muy valientes, cada día me mimaron, me amamantaron y dieron calor para que poco a poco, fuese cogiendo el peso que me faltó ganar en el vientre. Pasamos un puerperio duro pero por fin todo pasó y empezamos a olvidar los malos momentos y disfrutar de nuestra vida juntos.
De esto hace ya casi tres años, ahora soy un niño muy mayor a punto de ir al cole, que hace pipí en el baño…… Me encanta la música, aprovecho cualquier cosa para convertirla en instrumento, y papá y mamá disfrutan cada minuto junto a mí. ¡Somos un equipo perfecto!

Arantxa, Samuel e Iker


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Un comentario en “Iker tenía prisa por nacer

  • Aida

    Gracias familia por compartir vuestra historia y por formar parte activa de la familia MAMASYOGA.