El rincón de las historias · El Hoyo 3

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Inauguramos un nuevo espacio en nuestro blog especial para las mentes literarias!

A todos/as nos encantan los cuentos y las historias sencillas que nos hacen pararnos en un instante de la vida y recordar los detalles de nuestros momentos más entrañables… y si compartimos ese instante, aún mejor! Así que desde aquí, os animamos a compartir vuestras historias en este rincón!

Este es el propósito de esta sección que inauguramos hoy con un cuentecito escrito por nuestra socia, la abuela Concha García Benítez. Gracias! Se titula “El Hoyo”. Que lo disfrutéis!

IMG-20130703-WA0000EL HOYO, por Concha Gª Benítez

Sentada en el rebalaje de la Playa del Cable, al caer la tarde, vi a lo lejos una cometa haciendo piruetas en el aire. Sujetando los hilos estaba mi hermano disfrutando con su nuevo juguete, ilusionado como un niño, o consiguiendo ser el niño que cada adulto lleva dentro y que a veces o casi siempre, lo vamos alejando y dejando atrás en el camino de la vida.

Eché a andar hacia el lugar donde me guiaba el planeo constante de la cometa. De pronto me llamó la atención, un hombre rodeado de varios chiquillos y chiquillas, que lo miraban alucinados. Hacía el HOYO más gigantesco, que jamás, ni los pequeños ni yo habíamos presenciado en nuestras historias de juegos con la arena húmeda a orillas de la Mar. El hombre sumergido casi hasta los hombros en su obra, extraía la tierra con tal ímpetu, que los montones de arena salían volando y se depositaban, con gran maestría, en una enorme pirámide resultante de la tierra excavada.

Aquellas niñas y niños con su expresión venían a decir: “ni locas ni locos, nos metemos ahí dentro, para que nos trague la tierra para siempre”.

Me paré a contemplar la escena. El diámetro del HOYO podía dar cabida a quince chiquillos, sobrepasándolos medio metro de sus cabezas, o a una tonelada de sandias o a tres caballos… ¡Dios mío! ¿para qué y por qué hacía semejante hoyo? Excavaba con tal agitación y frenesí, que parecía trabajar a destajo azotado por negreros sin sentimientos, y no jugando como requieren estos menesteres a las orillas de la Mar… La cara de cada niña y niño era entre pavor y admiración. Pavor por si se les hacía descender a esas entrañas de la tierra, absorbidos por la gran boca devoradora. Y admiración por los logros del “amplio y hondo” proyecto, que requería fuerza y constancia.

Desconozco el final de la historia y también los motivos de la descomunal perforación, solo he querido recrear una escena playera por lo impactante del excavador frenético y las expresiones de todas las personillas diminutas que rodeaban el HOYO.

Para terminar diré, que deseo sea este un homenaje a todas las personas adultas que juegan con sus diminutas proles en los rebalajes. Donde la materia prima es la arena, piedrecitas, plumas de gaviotas y algas. Las herramientas cubos de colores, palas y rastrillos, o simplemente las manos. Personas ya crecidas que son capaces de echar buenos ratos dando cuerpo a fantasías compartidas.

Niños y niñas, aun creciendo y que lo que más quieren y necesitan, es eso, tiempo de sus padres y madres y juegos compartidos y presencias reales… Personas en desarrollo que necesitan tan solo ser amadas, vistas, y atendidas.

FIN


Podéis compartir vuestras historias enviándolas al mail: mamasyoga@mamasyoga.org


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