Vivir mirando 3


Muchas somos las familias que intentamos educar de una forma consciente a nuestros hijos, llevando a cabo una crianza con apego e intentando satisfacer las necesidades de nuestros bebés para favorecer su desarrollo pleno y armónico . Esto, junto con el gran cambio que supone la llegada de un bebé a nuestras vidas ocasiona que tengamos que priorizar las necesidades de nuestro hijo o hija y relativizar de algún modo las nuestras.

Pero a veces ocurre que estamos tan volcados en nuestros hijos, tan solícitos como padres o madres, que vivimos centrados en ellos. Leyendo a Jean Liedloff, autora de “El concepto del Continuum”, he reflexionado sobre este hecho que tanto daño ocasiona a muchas bienintencionadas familias, siendo en muchos casos motivo de frustración y conflicto .

Según Liedloff, el hecho de estar continuamente hablando, mirando o jugando con el niño le priva de su propio espacio como niño, de su libertad para aprender, para observar lo que ocurre a su alrededor, de posicionarse en el grupo en que vive. El niño en sus primeras fases de desarrollo necesita ser espectador de lo que está pasando para comprender su mundo y ubicarse en él , necesita que los padres sigan adelante con su vida, con lo que son, para poder aprender de ellos y sentirse seguro. Muchas veces vemos como precisamente ocurre que al darle toda la atención al bebé se vuelve aún más demandante, así que dejamos de hacer todo para volcarnos en él, y sin embargo las cosas empeoran. Según Liedloff, en esa llamada de atención el bebé lo que nos está pidiendo es que volvamos a nuestras tareas con plena seguridad, sin sentimiento de culpa. Y, una vez que lo hacemos, casi milagrosamente, el bebé se relaja. No se trata de dejar de atenderlos, sino de intentar enfocarnos en nuestras tareas con energía decidida y con confianza.

A veces no resulta fácil hacerle entender a nuestro hijo o hija que lo que hacemos es importante para nosotros, y aparece la frustración, enfado, o rabieta, como queramos llamarlo. O simplemente no está preparado para entenderlo, pero lo que sí entenderá es nuestra energía calmada y serena, y nuestro hacer amoroso. Eso, junto a nuestras muestras de afecto y comprensión, le ayudarán a sentirse seguro y a percibir poco a poco que lo que ocurre, si es bueno para mamá y papá al final es bueno para la familia y por lo tanto, bueno también para el niño o la niña.

Dejémosles espacio, dejémosles SER.

Por Laura Luque, socia de Mamasyoga y mamá de Gael.


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3 Comentarios en “Vivir mirando

  • Aida

    Gracias Laura, buena reflexión en el día de hoy, para aplicar en muchas de las circunstancias que vivimos. Respetarnos para respetar.

  • Maica

    Qué buen post, Laura. Y qué necesidad tenemos de pararnos al menos un poco en el camino, a veces se nos olvida.Me encantó.