Criar sin agresividad 2

castigo

castigo

El pasado viernes 25 nos reunimos en una nueva tertulia de crianza. Contó con una nutrida asistencia no sólo de mamás sino de peques y algunos papás e incluso una abuela. El lugar definitivamente se nos ha quedado pequeño y para el mes que viene vamos a tener que estrenar otro espacio más amplio del que tendréis cumplida información en su momento.

En esta ocasión, el tema de la tertulia era “Criar sin agresividad” y Mª José, mamá de Nico, de casi tres años, socia fundadora de Mamasyoga y doctora en Ciencias de la Educación, fue la encargada de romper el hielo. Su introducción se centró primero en aclarar que criar sin agresividad no significa criar sin límites ya que estos son necesarios para que los peques puedan construir su identidad y desarrollar su autonomía en un ambiente seguro tanto física como emocionalmente. Si no somos capaces de establecer estos límites, estamos dejando a los peques que los pongan en ellos, y traspasándoles una responsabilidad de la que no se pueden hacer cargo por su corta edad y, por tanto, generándoles inseguridad. En definitiva, se trata de alcanzar un equilibrio entre regular todo lo que la criatura debe hacer y no regularlo en absoluto, entre el miedo a que no se salga de madre, que a veces nos lleva a imponer normas absurdas, y el miedo a imponer, que a veces nos lleva a no saber establecer límites necesarios.

¿Y cómo hacer esto sin agresividad, sin gritar, sin amenazar, sin chantajear, sin castigar? Pues Mª José nos compartió lo que había aprendido en sus tres años de maternidad que tiene que ver con establecer pocas normas, muy sencillas y muy claras, que estas normas sean flexibles según las circunstancias y que se mantenga la coherencia. En este sentido, es importante negociar estas normas con nuestros hijos y nuestras hijas para adaptarlas a los diferentes momentos y lugares en que se aplican, sin subestimar nunca lo que nuestros peques pueden comprender. También ayuda no someterlos, en la medida de lo posible, a circunstancias en que sabemos que las normas van a saltar, como llevarlos a lugares en que no se pueden expandir o someterlos a las prisas de nuestra sociedad actual. Esto originó un interesante debate sobre las actividades extraescolares y las prisas y el estrés que nos generaban en la vida cotidiana y se pusieron en común reflexiones muy interesantes sobre si estas actividades eran realmente necesarias, para quien eran necesarias, para los peques o respondían más bien a frustraciones de los padres y las madres, sobre la necesidad de actividad libre, eso sí, en un contexto estimulante, que tenían las criaturas de estas edades y la poca actividad libre que suelen tener por la mañana en el cole, para someterles también a actividad estructurada en la tarde.

No obstante, en esto de la crianza respetuosa y no agresiva, todo parece muy fácil de decir pero muy difícil de hacer y, en este sentido, se destacó que la crianza se convierte en un camino de crecimiento personal. Un camino en que nos damos cuenta de la multitud de normas arbitrarias y sin sentido que tenemos, que incluso nos limitan a nosotras mismas y que ahora que el peque se resiste a ellas estamos en condiciones de cuestionar y reformular. Un camino en que nos convertimos en personas más coherentes pues nuestros retoños nos hacen darnos cuenta de la cantidad de cosas que les decimos y que luego nosotras mismas no hacemos y nos ayudan a que nuestra conducta sea una expresión más plena de nuestro ser interior.

También hablamos de cómo acompañar amorosamente los sentimientos de enfado, rabia, frustración que se generan en nuestras criaturas cuando deben cumplir alguno de los límites necesarios. Es importante dejarles llorar, dejarles expresar estos sentimientos sin menospreciarlos, contando con nuestra compañía, para que así puedan seguir adelante.

Muchas de las familias compartieron sus trucos para establecer límites y normas de forma amorosa. Hablamos de esa etapa en que los peques nos dicen que no a todo y sobre cómo afrontarla sin perder los nervios, siendo muy importante no entrar en un enfrentamiento con ellos y quitar importancia a su negación, haciendo bromas al respecto, distrayendo su atención o convirtiendo las obligaciones en parte de un juego. Otros truquillos que se compartieron para ayudar a criar sin agresividad fueron ponerse en el lugar de los niños y las niñas, destacarles más bien lo que deben hacer y no lo que no deben hacer o sencillamente, hablarles más bajito.

También salió el tema de los castigos y las recompensas, muy extendidas en nuestra sociedad, y en cómo llevaban a que los peques no entendiesen por qué tenían que hacer las cosas y las hiciesen sólo por el premio o el castigo. En este sentido, es mejor que los castigos sean más bien consecuencias lógicas, es decir, de una acción incorrecta, se sigue lógicamente una reparación, por ejemplo, si algo se tira, se debe recoger.

La cuestión de cómo lidiar con los abuelos y las abuelas o con otros familiares con criterios de crianza diferentes también estuvo presente, no sólo por el tiempo que algunos de nuestros peques pasan con los abuelos y las abuelas por necesidades de conciliación sino porque, a veces, nos llevan a comportarnos de forma más severa o agresiva con nuestros hijos y nuestras hijas pues tenemos miedo a no satisfacer sus expectativas. En este sentido, se plantearon varias soluciones, desde explicarles claramente por qué tomábamos estas decisiones hasta, cuando esto no funcione, intentar pasar menos tiempo con esos familiares. Se destacó la importancia de que, si nos equivocamos con nuestros peques, que sea porque hemos hecho aquello que realmente creemos y no por seguir las indicaciones de los demás.

No obstante, y a pesar de todos los trucos compartidos, todas las familias presentes confesaron que alguna vez perdían los nervios y eran agresivos, entendiendo la agresividad, tal como pusimos en común durante la tertulia, como gritar, imponer o chantajear. En estos casos, estuvimos de acuerdo en la importancia de pedir perdón a nuestros hijos y nuestras hijas, en que no había ningún problema por hacerles ver que nos habíamos equivocado y que estábamos arrepentidos por ello y ofrecerles así un buen ejemplo a seguir.

Lo avanzado de la hora nos obligó a poner fin a este encuentro tan interesante. ¡Muchas gracias a todos y a todas por vuestra generosidad a la hora de compartir vuestras experiencias! Terminamos hablando sobre temas para próximas tertulias y anunciando que la próxima, el 22 de febrero, estará dedicada a un tema sobre el que hace tiempo nos venís reclamando atención: el sueño infantil. ¡Permaneced atentos y atentas porque en unas semanas tendréis la convocatoria!


Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

2 Comentarios en “Criar sin agresividad

  • Ana

    Me encanto la tertulia, habría estado allí horas! Muchas gracias Maria Jose por la maravillosa exposición que hiciste.