Una cuestión de equilibrio 2

equilibrio

La maternidad y el yoga son para mí dos caminos inseparables que me han enseñado muchas cosas. Una de las cosas más útiles que he aprendido es que en esto de la crianza, como en todo, hay que alcanzar un equilibrio. Un equilibrio entre nuestras necesidades como adultos y las de los niños y las niñas. Pero siguiendo nuestro lema, “un solo ser con múltiples formas de ser lo que es”, este equilibrio no es el mismo para cada familia.

Alcanzar este equilibrio no es una tarea fácil ni tiene fin. Es un camino que empieza el día que nace el bebé y que, como dice mi pareja, hace saltar las piezas de un puzzle que estaba perfectamente encajado y que tarda en volver a encajar. Es un camino que nunca termina porque tanto nuestras necesidades como las de los niños y las niñas cambian constantemente.

Esta tarea, además, se hace más difícil porque nuestro entorno no facilita este equilibrio. Vivimos en una sociedad profundamente adultocéntrica, construida en torno a las necesidades de las personas mayores, que intenta que los niños y las niñas vivan al servicio de los adultos y de su futura adultez y no repara en que los niños y las niñas, viven en el presente, que, como nos enseña el yoga, todos y todas vivimos en ese presente.

Además, esas necesidades de los adultos están mediatizadas por un entorno donde hemos llegado a depender de cosas innecesarias, que nos llevan a trabajar muchas horas para poder comprarlas. Y esto a veces no nos permite ni el tiempo ni, lo que es más importante, la serenidad y la tranquilidad necesarias para escuchar las necesidades de los niños y las niñas y buscar la manera de encajarlas con las que tenemos los padres y, sobre todo, las madres. En esto el yoga, afortunadamente, también ayuda.

Hace unos días, en la lista de correo de Mamasyoga se hablaba del sueño infantil, que es un buen ejemplo de la dificultad de encontrar este equilibrio y de la diversidad de maneras que hay para encontrarlo. Aunque nuestra sociedad adultocéntrica a veces nos confunda y nos haga pensar otra cosa, es normal que un niño de menos de seis años no duerma todavía del tirón. El problema es que esto a veces no encaja con un estilo de vida en que tenemos que levantarnos muy temprano para ir a trabajar, pasamos muchas horas trabajando y cuando termina la jornada laboral hay mucho que hacer en casa.
Ante los frecuentes despertares de los bebés, algunas personas deciden no atender sus necesidades y utilizar algún método de adiestramiento para que aprenda a dormir, dejándolo llorar solo en su cuna; aquí la balanza se inclina del lado del adulto. Pero tampoco es cuestión de ir zombie a trabajar porque nos hemos desvelado cada vez que nuestro bebé se despertaba, de inclinar la balanza del lado del bebé y olvidarnos de nosotras mismas.
Entre los dos extremos, las soluciones son múltiples. Hay familias que deciden colechar con cunas pegadas a su cama, una cama individual al lado de la de matrimonio, mandando al papá a otra habitación, etc. Así, por lo menos, estaremos cómodas cada vez que se despierte el bebé porque podremos atender su necesidad de encontrarnos casi sin despertarnos. Otras familias, pasada cierta edad, necesitan restaurar el equilibrio con el destete nocturno. A veces, la mami sola no puede y recurre a la ayuda del papá en lo que es conocido como el plan padre: en vez de darle el pecho, cuando el bebé se despierta es papá quien lo calma. El momento de que el bebé se vaya a su cuarto también es diverso. Hay familias que comparten el cuarto mucho tiempo y hay otros bebés que pronto duermen del tirón y se van rápido a su propio cuarto.
Lo importante es que cada familia encuentra la manera de ir encajando de nuevo ese puzzle, de ir adaptándose a las necesidades de ese nuevo ser sin descuidar las propias. Es un camino difícil, inestable, incierto, lleno de dudas, donde no valen los métodos que algunos ponen en los libros ni las recetas que han servido a otros. Pero es un maravilloso camino de crecimiento personal, en busca de tu equilibrio y del de tu familia, de tu propio centro, de tu paz interior. Y es un camino mucho más fácil de recorrer si es compartido, si encuentras otras familias que te ayudan en tu propósito de inclinar una balanza que la sociedad tiene torcida hacía el lado del adulto, de nuevo hacía las necesidades de los niños y las niñas, compartiendo estas diversas experiencias de ser.


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2 Comentarios en “Una cuestión de equilibrio

  • Iris

    Me ha encantado, un gran análisis y una gran verdad lo del mundo de adultos, pero ¿quien lo ha escrito? me gustaría saber, jejeje