Embarazada

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No sé cómo, pero un día Yves y yo sentimos la necesidad de que un bebé nos acompañase en nuestras vidas y lo llamamos, le dimos la oportunidad de venir y un día supe que me había quedado embarazada y ahí comenzó todo un largo camino personal de crecimiento, descubrimiento, miedos, risas y lágrimas.
Mi embarazo no fue muy agradable, no paré de vomitar hasta los 5 meses y me encontraba mal casi todo el tiempo, nauseas, ardores, mastalgia, calor, pesadez, sueño… Había perdido la fuerza, yo que no paraba, que todo lo hacía ágilmente, de repente no tenía fuerza para nada y lo peor, no lo aceptaba y seguía intentando llevar mi vida al mismo ritmo y si no lo conseguía me enfadaba. La vida me propuso ir a otro ritmo y yo no lo comprendía. Por suerte dejé de trabajar con 5 meses y como por arte de magia dejé de vomitar, supongo que en pleno auge de gripe A y yo trabajando en la urgencia del hospital 24 horas pensando continuamente que podía contagiarme y morir no era nada que favoreciese que tuviera un embarazo placentero. Me informaba de las mujeres que había ingresadas en el materno a causa de la gripe A y lo malitas que estaban y me cargaba de miedo y ansiedad. No comprendía cómo estaba yo trabajando con enfermos con gripe A y una mascarilla y casi nadie me apoyaba con la baja por riesgo. Al fin lo conseguí y con cinco meses pude dejar de trabajar. Fue entonces el momento para encontrarme y para aceptar que las cosas iban a otro ritmo y de otra forma. Me apunté a natación para embarazada, comencé a leer libros sobre embarazo, parto, puerperio, educación… lo disfruté muchísimo, y aprendí de mí y de la nueva situación que estaba por llegar. Un día, mi gran amiga Lidia, me dijo que ella iba a hacer Yoga para embarazadas y que le venía muy bien, así que empecé a ir a las clases de María, y muy poco a poco fui entendiendo muchas cosas que me sucedían y empecé a conectar realmente con mi bebé, empecé a escucharlo y a hablarle abiertamente. María ahora es mi gran maestra, yo la siento así, aunque ella tenga una humildad infinita y diga que somos nosotras las que le aportamos a ella.
En esos momentos el yoga hizo que mis miedos se atenuaran, que aceptara mi nueva situación de embarazada, que me conectara con mi hijo, que le abrazara desde fuera, que me entregara a la naturaleza y a su milagro.
Además, María dice que las mujeres embarazadas se conectan con la sabiduría y de verdad lo sentí. Ya no me importaban cosas nimias, ni me apetecía discutir ni pelear en una conversación ni siquiera soportaba cuando lo hacían a mi lado. Tenía paz y notaba cuándo se podía ver mermada y sabiamente me alejaba sin más. Durante mi embarazo luché, claro que lo hice, pero sólo para lo realmente importante, para poner límites cuando veía que alguien quería pasarlos y para conseguir la baja que me correspondía, realmente sabia…
Por todo esto y por todo lo que voy aprendiendo cada día estoy agradecida, al Yoga, a María, a la Vida, a Daniel mi pequeño maestro de dos años y medio y a Yves que me acompaña en este viaje de forma incondicional, escuchándome y aceptando mis altibajos, queriéndome tal y como soy.

 

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