El lenguaje de las emociones 1

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La músca es un lenguaje universal, un idioma común, en cualquier rincón del mundo se disfruta de ella de la misma forma, y los niñ@s de forma innata sienten curiosidad ante ella, dejémosles experimentar.

 

 

 

La música es un lenguaje universal, en cualquier rincón del mundo, se entiende ese lenguaje, no hay que traducir nada, no hay que adaptar nada, la música es movimiento, es ritmo, es melodía, es una sucesión de notas ordenadas en el tiempo. Es un arte del ahora, no del después, se oye en el ahora y se disfruta en el ahora, en el presente, y una vez terminada la obra, se acabó, no hay forma de volver a ella porque se desarrolla en el tiempo y te transmite emociones en ese tiempo. No requiere de estudios para disfrutarla, sí para analizar las partituras, para tocar un instrumento profesionalmente, para conocer la teoría y la ciencia de la armonía y tonalidades, pero no para bailar, cantar, interactuar…

Nuestros bebés nos oían desde el vientre materno, ya percibían nuestro tono de voz, el timbre de la madre, con sus armónicos…o sea, que ya desde ese momento nuestros hijos discriminaban auditivamente, y ahora, ilusos de nosotros, pensamos que no nos oyen cuando le damos alguna consigna, o cuando  le regañamos en algunas de sus ocurrencias.

El poder comunicativo de la música es indiscutible, ya los griegos hablaban de la capacidad de “mover los afectos”, de transformar emociones, sentimientos, de transformar estados de ánimo; incluso prohibían ciertos instrumentos por el alto poder de incitación. La verdad es que no se
equivocaban porque tod@s en algún momento de nuestra vida hemos usado la música como terapia.

Nuestros hij@s interactúan con la música y experimentar con la música desde sus primeros años es extremadamente positivo, trabajan el lenguaje corporal, la psicomotricidad gruesa y fina, la creatividad, improvisación, entrenan su oído, su cerebro al discriminar distintos tiempos,
timbres y alturas, se divierten, se relajan , se ríen, se mueven…viven; y no tienen que asistir a ningún lugar específico, solo hay que dejarles que toquen el tambor con unos cubiertos de mesa, que aporreen el suelo alguna que otra vez, que griten y se oigan, que canten, que versionen sus canciones favoritas sin corregirles, que escuchen una y otra vez “La granja de pepito” si es lo que
quieren, aunque estemos hartos de oírlo en el coche… ¿otra vez? Sí, otra vez, mamá. Estos solo son unos ejemplos pero seguro que nos suenan y conocemos otros miles.

Todos los niños que conozco disfrutan con una canción, un baile, una rima, un trabalenguas, una adivinanza, un sonido vocálico o instrumental, y por supuesto, con los instrumentos musicales, existen tantos instrumentos cada uno con su timbre y su magia característica. Un buen hábito para acercar a los niñ@s a la música es llevarlos a conciertos que se desarrollen al aire libre, donde puedan escuchar y familiarizarse con lo que es una banda, una orquesta, cada niñ@ se acerca a su ritmo, de lejos, o más cerca, sentados o de pie, mamando o comiendo, da igual, es un espacio abierto propio para ellos, donde tienen libertad para moverse sin molestar a nadie, con lo que es también un buen lugar para buscar un momento de  relax tan ansiado por los padres. Precisamente en Málaga, contamos con conciertos quincenales en los que la Banda Municipal de nuestra provincia nos deleita con diversas obras y con un repertorio muy
variado.Estos conciertos se desarrollan en La PLaza de las Flores, en pleno centro histórico de la ciudad, en una bocacalle de calle Larios, por si alguien no conoce la plaza. Estos conciertos comienzan a las 12:00 de la mañana y en verano el horario cambia y se celebran por la tarde, a las 20:00 en la Plaza de la Constitución. Os animo a tod@s ahora que comienza el buen tiempo a asistir a estos actos con vuestros hij@s, ya que además de disfrutar, y de desarrollar capacidades, aprenderemos algo mucho más importante que todo lo que hemos contado, y que tanto necesitamos en esta sociedad: aprenderemos a ESCUCHAR.


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